Cerca de Saint-Emilion y de Burdeos, el puerto y el comercio garantizaron durante siglos la prosperidad del Libournais. Esta prosperidad ha legado un patrimonio único como la bastida inglesa de Libourne del siglo XIII, y también magníficos castillos o molinos monumentales que salpican el territorio y las orillas del Isle y el Dronne. Por último, hay iglesias y capillas diseminadas a lo largo de todo el territorio, algunas de ellas vestigio del arte románico del siglo XII, que jalonarán tus más bellos paseos y descubrimientos.